The Matrix: La construcción de una falsa realidad con base en la opresión y el control
Actualmente
hombres y mujeres vivimos en un mundo en el que no somos libres de tomar
nuestras propias decisiones. Formamos parte de un sistema que nos ha limitado,
es decir, existen ciertas pautas acerca de cómo debemos vivir, de lo que es
bueno y lo que es malo, un antes y un después, en fin, todo este tipo de ideas
sobre cómo debemos entender el mundo. A partir de estas circunstancias es que
las personas deciden actuar, sin cuestionar si lo que se nos ha enseñado es la
manera correcta de vivir y de asimilar el mundo. Personalmente este es un tema
que me ha llevado a cuestionar mi propia existencia y cuál es el fin de esta; ¿para
qué crear este sistema de control y represión?, ¿hay algo más allá de la
realidad que conocemos? En el presente trabajo intentaré explicar cómo el
universo distópico que plantea The Matrix no puede ser algo menos
alejado de la realidad, y cómo el control y la opresión implantados a través de
un sistema nos han obligado a formar parte de una falsa realidad, tal y como
sucede en el escenario de la película.
De
acuerdo con la película el agente Smith es el encargado de mantener en
perfectas condiciones el funcionamiento de la Matriz. Para ello Smith se sirve
de la capacidad de poder habitar cualquier cuerpo y de este modo evitar a toda
costa cualquier amenaza que pongan en riesgo la simulación. La idea de vivir en
un sistema que nos controla y oprime se describe en los primeros renglones de
este párrafo. Dicho en otras palabras, es como si el agente Smith fuera el
sistema personificado, busca programar a las personas desde muy jóvenes, a
través de la educación, la religión, las redes sociales, sistemas de gobiernos,
etc., para que crean que el sistema no es lo mejor que hay, sino lo único. De
esta manera, las personas comienzan a alejarse de lo que ellos verdaderamente
buscan y comienzan a seguir los ideales que les ha vendido el sistema, a tal
grado que se vuelven guardianes de lo mismo que los oprime, como una especie de
síndrome de Estocolmo, mitad cómplices, mitad víctimas.
Pasamos
tanto tiempo invirtiendo en lograr los objetivos que el sistema ha diseñado
para mantenernos ocupados (como ser exitosos, casarte, tener hijos, terminar
una licenciatura, entre otras cosas) que no nos detenemos a cuestionar por qué
hemos de vivir conforme lo que le conviene al sistema y no a lo que nos
gustaría. Y, sin embargo, ser conscientes de que el sistema vive y se alimenta
de nosotros es una idea que no todos están dispuestos a aceptar. El
sometimiento y el control se han vuelto parte de nuestras vidas cotidianas que
somos asintomáticos a los malestares de nuestra inconformidad, creemos ser
felices con las mentiras que nos cuentan. Nos aferramos a vivir dentro de una
falsa realidad que lo único que hace es consumirnos.
Muchas
veces se ha dicho que la realidad supera la ficción. El filme nos plantea que
las personas son baterías que con su energía alimentan a las máquinas, pero ¿de
qué manera funcionan estas baterías?, por medio del control y de decirle a las
personas qué lo único que deben hacer es trabajar por sus sueños. Trasladado a
nuestra realidad esto se podría interpretar de la siguiente manera: nunca se nos
ha preguntado si lo que queremos es perseguir sueños, ideales y objetivos que
han sido construidos para nosotros sin nuestro consentimiento. Romper con el
sistema no es imposible, pero tampoco sencillo. Ser capaces de cuestionar
nuestra realidad implica ser capaces de conocernos a nosotros mismos.
Preguntarnos si queremos formar parte del sistema o si queremos romper con el
sistema; en pocas palabras, tener la facultad de tomar nuestras propias
decisiones.
Por
último, me gustaría compartir el mensaje que me dejó esta película. Todo
aquello que conocemos (ya sea la idea de amor, de realidad, de vida, por
mencionar solo algunas) han sido parte de un constructo social fabricado por y
para el sistema. Nosotros no dependemos del sistema, el sistema depende de nosotros,
porque si todos tuviéramos la virtud de quitarnos la venda de los ojos, el
sistema se acaba. Romper con el sistema y tener el control sobre nuestros
ideales, objetivos y decisiones no significa ponernos por encima de otros, pues
siempre existirán normas de convivencia social que deberían respetarse.
Concluyo mi comentario diciendo que la realidad no es como nos han hecho creer
que es, a decir verdad, es solo una simulación de lo que podría ser. Definamos
lo que es real.

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