The Matrix: La construcción de una falsa realidad con base en la opresión y el control


Por Fernanda Calderón

Actualmente hombres y mujeres vivimos en un mundo en el que no somos libres de tomar nuestras propias decisiones. Formamos parte de un sistema que nos ha limitado, es decir, existen ciertas pautas acerca de cómo debemos vivir, de lo que es bueno y lo que es malo, un antes y un después, en fin, todo este tipo de ideas sobre cómo debemos entender el mundo. A partir de estas circunstancias es que las personas deciden actuar, sin cuestionar si lo que se nos ha enseñado es la manera correcta de vivir y de asimilar el mundo. Personalmente este es un tema que me ha llevado a cuestionar mi propia existencia y cuál es el fin de esta; ¿para qué crear este sistema de control y represión?, ¿hay algo más allá de la realidad que conocemos? En el presente trabajo intentaré explicar cómo el universo distópico que plantea The Matrix no puede ser algo menos alejado de la realidad, y cómo el control y la opresión implantados a través de un sistema nos han obligado a formar parte de una falsa realidad, tal y como sucede en el escenario de la película.

De acuerdo con la película el agente Smith es el encargado de mantener en perfectas condiciones el funcionamiento de la Matriz. Para ello Smith se sirve de la capacidad de poder habitar cualquier cuerpo y de este modo evitar a toda costa cualquier amenaza que pongan en riesgo la simulación. La idea de vivir en un sistema que nos controla y oprime se describe en los primeros renglones de este párrafo. Dicho en otras palabras, es como si el agente Smith fuera el sistema personificado, busca programar a las personas desde muy jóvenes, a través de la educación, la religión, las redes sociales, sistemas de gobiernos, etc., para que crean que el sistema no es lo mejor que hay, sino lo único. De esta manera, las personas comienzan a alejarse de lo que ellos verdaderamente buscan y comienzan a seguir los ideales que les ha vendido el sistema, a tal grado que se vuelven guardianes de lo mismo que los oprime, como una especie de síndrome de Estocolmo, mitad cómplices, mitad víctimas.

Pasamos tanto tiempo invirtiendo en lograr los objetivos que el sistema ha diseñado para mantenernos ocupados (como ser exitosos, casarte, tener hijos, terminar una licenciatura, entre otras cosas) que no nos detenemos a cuestionar por qué hemos de vivir conforme lo que le conviene al sistema y no a lo que nos gustaría. Y, sin embargo, ser conscientes de que el sistema vive y se alimenta de nosotros es una idea que no todos están dispuestos a aceptar. El sometimiento y el control se han vuelto parte de nuestras vidas cotidianas que somos asintomáticos a los malestares de nuestra inconformidad, creemos ser felices con las mentiras que nos cuentan. Nos aferramos a vivir dentro de una falsa realidad que lo único que hace es consumirnos.

Muchas veces se ha dicho que la realidad supera la ficción. El filme nos plantea que las personas son baterías que con su energía alimentan a las máquinas, pero ¿de qué manera funcionan estas baterías?, por medio del control y de decirle a las personas qué lo único que deben hacer es trabajar por sus sueños. Trasladado a nuestra realidad esto se podría interpretar de la siguiente manera: nunca se nos ha preguntado si lo que queremos es perseguir sueños, ideales y objetivos que han sido construidos para nosotros sin nuestro consentimiento. Romper con el sistema no es imposible, pero tampoco sencillo. Ser capaces de cuestionar nuestra realidad implica ser capaces de conocernos a nosotros mismos. Preguntarnos si queremos formar parte del sistema o si queremos romper con el sistema; en pocas palabras, tener la facultad de tomar nuestras propias decisiones.

Por último, me gustaría compartir el mensaje que me dejó esta película. Todo aquello que conocemos (ya sea la idea de amor, de realidad, de vida, por mencionar solo algunas) han sido parte de un constructo social fabricado por y para el sistema. Nosotros no dependemos del sistema, el sistema depende de nosotros, porque si todos tuviéramos la virtud de quitarnos la venda de los ojos, el sistema se acaba. Romper con el sistema y tener el control sobre nuestros ideales, objetivos y decisiones no significa ponernos por encima de otros, pues siempre existirán normas de convivencia social que deberían respetarse. Concluyo mi comentario diciendo que la realidad no es como nos han hecho creer que es, a decir verdad, es solo una simulación de lo que podría ser. Definamos lo que es real.



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