Joker: más que una película de cómic

 

Rafael Emilio Velásquez López

La película Joker, estrenada en el año 2019, dirigida por Todd Phillips y protagonizada, por el ganador del Óscar, Joaquin Phoenix, es una de las películas, basadas en cómics, más importantes de los últimos años; si bien su conexión con las historietas fue lo que atrajo a gran parte del público a las salas, esta película conduce a una discusión sobre diversos temas de interés social.

La historia que nos presenta Phillips es la de Arthur Fleck un aspirante a comediante de la Ciudad de Gotham quien sufre de una enfermedad mental. Gótica, conocida por ser una ciudad de bajos fondos, problemas de inseguridad y llena de conflictos sociales, causará estragos en Arthur, quien al verse sumergido en diversos problemas, renacerá como Joker.

La cinta aborda un tema del cual Bruce Wayne (Batman) ha reflexionado en diversas historietas, la idea de como una ciudad puede transformar a un individuo y cómo, específicamente Gótica, puede sacar lo peor o mejor de él. El caso de Arthur nos hace reflexionar acerca de la influencia del entorno social sobre el comportamiento y psicología de las personas.

La Ciudad de Gótica fue creada como reflejo de Nueva York y Nueva Jersey, un contraste entre los grandes edificios y los barrios marginados. En esta cinta observamos al protagonista intentado ganarse la vida con trabajos sumamente desgastantes para su estado anímico, particularmente cuando se ve obligado a sonreír, aunque sus compañeros, jefe y sociedad en general lo trata de forma despreciable; además de que intenta perseguir su anhelado sueño de ser comediante.

El caso de Arthur se ve cada día más repetido en el mundo. Hombres y mujeres que salen cada día de sus casas para trabajar jornadas largas con remuneraciones incoherentes y que imaginan cada día cómo sería cumplir sus más grandes sueños; sin embargo se ven frenados debido a la complicada situación económica y los prejuicios y complejidad social. El claro ejemplo es Murray Franklin, interpretado por Robert De Niro, quien se mofa de los sueños y la cruel vida que pasa Arthur. 

Los prejuicios y la complejidad social son de los tópicos que más releja la película. El más evidente es el tema de las enfermedades mentales y la forma en la que la gente lo percibe, tal vez en un primer momento de forma superficial y luego despectiva. La escena del camión es claro ejemplo de esto; la interacción entre un niño (que se podría percibir como “libre de prejuicios”) y Arthur se da de forma inmediata, inocente, pero en el momento en que interviene la madre se rompe todo y lo único que le queda al protagonista es llorar a través de su risa. 

El dolor de Arthur se convierte en el segundo protagonista de la película. En este punto me enfoco en dos temas, el primero la risa y segundo el manejo de su propia historia. La dolorosa risa de Arthur es la forma en la que el personaje denota el sufrimiento que siente. Durante la cinta podemos escuchar como su risa evoluciona y se vuelva más intensa conforme la historia avanza y el dolor se incrementa.

El desarrollo de un origen para el Joker fue un amplio tema de discusión, ya que ni siquiera los redactores de cómics se habían atrevido a hacerlo; si bien han existido pinceladas de él, se ha demostrado que el protagonista maneja su pasado según la situación en la que se presente y esto no cambia en la cinta. En mi interpretación, esta revoltura de su propia historia proviene de una búsqueda intensa para comprender de dónde viene su dolor y su misma identidad.

Finalmente, el Guasón nace a partir de los prejuicios, complejidad social, opiniones despectivas, dolor, complejidades económicas, historia familiar y sueños frustrados. Artur renace como el Joker y junto con el cientos de personas que se encuentran oprimidas e ignoradas por las élites de Gótica, que realmente, podría reflejar la realidad de cualquier metrópoli en el mundo. El gran capitalista Wayne hablando de progreso y bondad mientras gran parte de la sociedad agoniza.

En conclusión, Joker va más allá de ser la cinta del villano del Caballero de la Noche. La película se vuelve un reflejo de lo desgastada y problemática que se encuentra la sociedad en general y la búsqueda de líderes que les den voz; aunque esto no se debe mal interpretar y consolidar al Joker como un personaje para idolatrar. La reinterpretación del “villano” cambia por instantes a una perspectiva de antihéroe (hacer lo que conciben como bien bajo sus propios métodos).

Al final, la cinta cumple para un amplio público, tanto para los fans de las historietas como para aquellos que fueron por mera curiosidad. Todos los puntos convergen al final de la película, el estallido de la sociedad tras el cansancio de ser ignorados y la metáfora de que nadie es absolutamente malo ni completamente bueno; habrá que recordar la antigua frase de Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias”.

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